Los servicios de emergencia completaron este miércoles el cerco del incendio en el parque natural de las Hautes Fagnes, en la provincia de Lieja, en el sexto día del mayor fuego forestal registrado en la historia de Bélgica. Los últimos vecinos evacuados podrán regresar a sus hogares.

“El fuego no está fijado, está contenido”, precisó Didier Berghmans, de la zona de socorro Vesdre-Hoëgne y Plateau. El responsable explicó que el cierre del perímetro no significa que el incendio esté controlado por completo, pero permite a los bomberos atacarlo desde todos los frentes.



“No hay riesgo de propagación por el momento, pero seguiremos la evolución meteorológica”, añadió Berghmans. El Instituto Real Meteorológico belga prevé una jornada húmeda y ventosa en las Hautes Fagnes, con temperaturas de entre 21 y 22 grados.
El operativo terrestre cuenta con seis vehículos Panther, dos camiones de reabastecimiento de combustible de la Defensa belga y dos autobombas. También participan siete helicópteros —dos noruegos, dos alemanes, uno neerlandés y dos de la Policía Federal belga— y dos hidroaviones suecos Air Tractor Fire Boss.
Los medios aéreos se utilizan para mojar el terreno y evitar reavivamientos en los frentes noreste y sureste. Los equipos evalúan si pueden reducir durante el día el despliegue, a la espera de confirmar la continuidad de las intervenciones aéreas.
El ministro federal de Seguridad e Interior, Bernard Quintin, solicitó una prórroga del Mecanismo Europeo de Protección Civil hasta el final de la semana. Además, se reunirá con la comisaria europea de Gestión de Crisis, Hadja Lahbib, para abordar las próximas etapas del operativo.
Los vecinos de Küchelscheid y Leykaul, en el municipio de Bütgenbach, podrán regresar a sus domicilios a partir de las 17.00 horas de este miércoles. De esta manera, todos los evacuados por el incendio, incluidos los residentes de Sourbrodt que volvieron el lunes por la noche, recuperarán el acceso a sus viviendas.
El incendio comenzó el 14 de agosto, hacia las 13.06, en Baelen, y ya calcinó unas 3.000 hectáreas de la reserva natural más antigua de Valonia, protegida desde 1957. Las llamas alcanzaron dos de las tres turberas activas que quedaban en la región, formaciones de miles de años de antigüedad cuya destrucción, según ambientalistas, elimina registros naturales de la evolución del entorno desde el final de la última glaciación.







